Los extranjeros aún evitan la vida política municipal

La implicación política del colectivo inmigrante, del rumano en este caso, aleja la imagen marginal e inadaptada que a menudo perseguía a los extranjeros de esta nacionalidad. Y si en los municipios de mayor tamaño, como Calatayud o Cariñena la integración es ya total, parecido sucede en las localidades más pequeñas. En Puertomingalvo garantiza, por ejemplo, el futuro de la escuela. De los 16 alumnos 9 son rumanos. El pueblo tiene 120 habitantes, de los 40 son extranjeros. “Son unos vecinos más, que trabajan en empresas del entorno y que hacen su vida. Forman parte del pueblo, ya nadie de extraña de verlos. La relación con ellos es buena”, reconoce el alcalde, Manuel Zafón. Aunque su implicación en la vida política sigue siendo escasa. Las pasadas elecciones solo votaron 24. “La política no parece interesarles demasiado”, dice.

Parecido ocurre en Albentosa, otro pequeño municipio cuyo porcentaje de inmigrantes supera el 40%. “Gracias a los rumanos aguantamos la escuela”, reconoce el alcalde, José Corella. A esta localidad turolense los extranjeros llegaron por la necesidad de mano de obra, sobre todo vinculada al sector servicios y al secado de jamones. El trabajo y la familia parecen ser sus principales ocupaciones porque también se han decidido a dar el salto a la política. “Participan en las fiestas que hacemos en el pueblo y ellos además tienen las suyas propias. Son unos vecinos más”, explica.

También en las poblaciones más pequeñas los inmigrantes han notado la crisis. Algunos se han ido. Pero quizás menos que en las ciudades, donde el paro ha hecho estragos. “El paro les está afectando bastante, pero con la campaña de recolección de la fruta imagino que algunos volverán”, augura el alcalde de Ricla, Francisco Romeo.

De todas formas, este año puede haber problemas porque la mayoría de los puestos para jornaleros están ya cubiertos. Aunque en esta población algunos inmigrantes han abierto sus propios negocios.

Los primeros rumanos llegaron a principios de los años 90. Desde entonces se han mostrado muy emprendedores. “Tienen una panadería y una carnicería en la que elaboran sus productos típicos. Además, regentan algún bar y también tienen talleres mecánicos”, indica Francisco Romeo.

FUENTE: El Periódico de Aragón

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